LA OBRA

Los libros de viajes, los relatos de aquellos que transitan por caminos que no se suelen recorrer fueron un género habitual en lo literario que se trasladó al ámbito periodístico rápidamente durante el siglo XIX. Los lectores de los diarios de las urbes, ávidos de conocer el mundo, demandan este tipo de crónicas que conectan su vida monótona y limitada con los confines de aquello que desean conocer.

Este tipo de práctica periodística, ya en desuso, permitía al plumilla realizar una completa inmersión en el mundo que pretendía describir. Esto, unido a la calidad literaria de muchos de los profesionales de aquel entonces —gentes con un pie en la literatura y otro en la prensa— nos legó algunas obras de gran calado poético, y también algunas reflexiones sobre lo español que no parecen tener más de cien años.

La ruta de Don Quijote es uno de esos libros que a uno le llegan a través de los sentidos, y que merece la pena revisitar a menudo por su calidad, para recordar cómo el castellano —ahora tan empobrecido— puede alcanzar cotas de expresión certeras y, a la vez, tan extraordinariamente bellas.

Resumen del argumento

Azorín, el periodista, es enviado a La ancha, a seguir los pasos de Don Quijote. Parte de su pensión madrileña, donde ultima los preparativos del viaje junto a doña Isabel.

En tren, llega a Argamasilla de Alba, donde se aloja en la fonda de la Xantipa. Allí pasa unos días tratando de recoger en sus cuartillas el ambiente, la esencia del pueblo, y buscando las raíces del hidalgo manchego. Su encuentro con los académicos de Argamasilla y el repaso de los personajes que encuentra componen la primera parte del relato.

Después parte en carro hacia Puerto Lápice, describiendo los paisajes manchegos por los que les lleva el camino. Al llegar, se aloja en el mesón de Higinio Mascaraque y desde allí se dirige a las lagunas de Ruidera, de allí a la cueva de Montesinos, y más tarde se encamina a contemplar los molinos de viento en Campo de Criptana. Su siguiente destino es el Toboso, y después Alcázar de San Juan, donde finaliza su viaje siguiendo la ruta que marca Miguel de Cervantes en su libro eterno.

Durante su viaje desvelará a los lectores, a través de sus encuentros, anécdotas y reflexiones lo que considera que fue el germen de la inmortal novela cervantina.

Su relato se cierra con un simpático artículo titulado The time they lose in spain, en el que un estudioso londinense estudia y reflexiona sobre la manera española de gestionar el tiempo en nuestro país. Azorín, esta vez siguiendo los pasos de Larra, relata con un humor.

AZORÍN

Gran amante de los clásicos, reinterpreta de una manera que podíamos calificar como “impresionista”, algunas de las obras más importantes de nuestra literatura barroca con la pretensión de despertar la curiosidad del espectador y profundizar en las raíces de la cultura española.

José Augusto Trinidad Martínez Ruiz, más conocido por su seudónimo literario, Azorín, nace en Monóvar, en 1873. Durante su larga vida —supera los noventa años— ejerce como político, periodista y escritor, desarrollando sus diferentes facetas en contextos tan diversos como la monarquía, las dos repúblicas y el franquismo. Su desarrollo ideológico abarca del anarquismo inicial a un acomodo en el seno del franquismo que le valió un ácido reproche en las primeras décadas de la democracia y relegó la figura del escritor a un segundo plano.

Publica inicialmente sus artículos en periódicos como El País o El Progreso,  donde va adquiriendo prestigio hasta recalar en revistas como Revista Nueva, Juventud, Arte Joven, El Globo, Alma Española, España, El imparcial o ABC, en los que utiliza diversos seudónimos.

Al tiempo escribe novela y ensayo, partiendo en sus comienzos de su propia experiencia vital y sus impresiones, para, más adelante seguir varias corrientes que sirven a la crítica para encuadrar su creación literaria en diferentes periodos estilísticos. Su afición al teatro le lleva a escribir una serie de obras y participar intensamente en la vida escénica de su tiempo. Sin embargo el escritor no llega a triunfar como autor dramático, y sus obras tuvieron poca repercusión. 

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Web actualizada 17/05/2017

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