La obra

Tenemos noticia de que esta obra se representó, con su título primigenio: Abrir el ojo, en agosto de 1640 por la compañía de Bartolomé Romero y suponemos que debió ser escrita pocos meses antes. Se trata de una comedia de capa y espada, urbana, pero que se aleja de sus precedentes al presentar unos personajes de dudosa catadura moral que tienen poco que ver con los habituales tipos del género. Si habitualmente encontramos en el teatro áureo a galanes y las damas tratando de conseguir con desesperación el anhelado matrimonio, aquí vamos a sorprendernos al contemplar cómo entre los protagonistas reina un concepto absolutamente distinto, libre y descarado, del amor.

            En Abre el ojo reina una suerte de vodevil en el que manda la alegría de vivir, y no encontramos rastro de ese concepto del amor galante y puro que suele gobernar nuestras comedias áureas. Las peripecias de estos auténticos “caraduras” marcan el desarrollo y el humor de esta Comedia cínica, como la llamó Felipe Pedraza.

            ¿Fidelidad? ¿Amor ideal? ¿Constancia? ¿Matrimonios? ¿Contención de los deseos sexuales? No esperen ver nada de esto en la comedia. Nuestros personajes viven al día desde el punto de vista económico y emocional; nada importa salvo conseguir el dinero inmediato, el placer en el momento. Lo que sí van a encontrar son entradas y salidas, tapadas, escondidos, enredos, comicidad al límite y una comedia de una gran efectividad con un solo propósito: que el espectador abra el ojo y no se fíe de nadie que venga en nombre del amor.

El argumento

Don Clemente vive en medio de un triángulo amoroso sin decidirse entre una viuda llamada doña Hipólita; una casera despechada: doña Beatriz; y una dama sin prejuicios con mucha ligereza social llamada doña Clara, aunque hay que decir que esta última se encuentra en una situación parecida con tres caballeros: el citado galán don Clemente, el hablador insoportable Don Julián de la Mata y el regidor de Almagro don Juan Martínez Caniego que, como se suele decir, es “más bruto que un arado”. Cartilla y Marichispa, los criados, tratarán, con un éxito relativo, que sus respectivos amos consigan sus propósitos, pero entretanto se genera un divertido enredo de luchas escénicas, amantes escondidos, engaños insólitos y continuas mudanzas ante la insistente persecución de la justicia.

Finalmente lo importante es advertir al espectador que debe “abrir el ojo” para estar atento ante cualquier engaño por parte de sus amantes, porque aunque todo pasa sobre la escena nunca se sabe cuando la burla le puede afectar al propio espectador…

Rojas Zorrilla

Nacido en Toledo, en 1607, siendo niño se traslada con su familia a Madrid, y aunque sabemos poco de su etapa de formación, suponemos —por el amplio conocimiento del ambiente estudiantil que refleja en obras como Obligados y ofendidos— que pudo estudiar en Salamanca, aunque no exista ningún dato en los documentos de la época que lo verifique. Se sabe también que hasta 1636 usaba ropa de estudiante, lo que aumenta la posibilidad de que estuviera cursando estudios en alguna universidad.

 

Por los datos de las carteleras de la época podemos situar su momento de mayor actividad como dramaturgo entre 1635 y 1640, y es al final de ese periodo cuando publica las dos partes de sus comedias que aparecen en 1640 y 1645, respectivamente, con doce obras por volumen. El que debía ser el tercero no vio nunca la luz tras la repentina muerte del poeta en 1648.

 

Rojas Zorrilla está considerado por los especialistas como uno de los autores más interesantes del Siglo de Oro español, y es en su teatro cómico donde el autor consigue sus mayores logros dramatúrgicos, llevando a la cima la comedia de figurón, donde se caricaturiza de manera eficaz al personaje del hidalgo, siempre lleno de virtudes en la escena, y en la ocasión que nos ocupa aparece pintado como un individuo torpe y vanidoso.

 

En palabras de Ruiz Ramón:

 

Su sentido para lo grotesco, sus dotes de preciso observador de los aspectos cómicos de la realidad, su habilidad para tramar enredos, su capacidad de síntesis en la plasmación de situaciones, la riqueza de sus análisis psicológicos, el dominio de la mecánica teatral, y su palabra dramática rica de equívocos y de agilidad…         

 

En lo trágico, Rojas gusta de las escenas truculentas y de la violencia aspirando a infundir horror en el público, y tratando de apartarse de las pautas habituales en su época. Es en este campo donde su obra ha sido más discutida, aunque siempre ha sido apreciada por su originalidad.

 

Aficionado a la sátira, sus dardos escritos y verbales eran temidos, y hasta se ha especulado con que su muerte fue a manos de unos caballeros ofendidos por unas letras escritas de su mano. En 1640, poco antes de morir, casó con la comedianta María de Escobedo, apodada “La Bezona”, lo cual no es de extrañar porque vivió siempre cerca del ejercicio cómico, que supuso su sustento. En 1646 Felipe IV premia sus servicios concediéndole el hábito de Santiago tras una larga tramitación burocrática, ya que se puso en duda su limpieza de sangre y  fue acusado de procedencia ilícita.

 

De sus obras podemos destacar comedias como Donde hay agravios no hay celos, Obligados y ofendidos, Lo que son mujeres, Abre el ojo o Primero es la honra que el gusto; dramas de honor como Del rey abajo ninguno, El Caín de Cataluña, Los áspides de Cleopatra o Morir pensando matar; comedias mitológicas como Progne y Filomena o Los encantos de Medea o Autos sacramentales como Galán, valiente y discreto y El gran patio de palacio.

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Web actualizada 1/9/2022