EL MONTAJE

Rojas Zorrilla es uno de esos autores que siempre he leído con verdadera pasión. Creo que sus obras son un paso más respecto a la dramaturgia que en el Siglo de Oro deja consolidada Lope, y van algo más allá de lo que desarrolla Calderón hasta los años 40. Me atrevería a decir que sus obras son la última expresión de la Comedia nueva antes de que se eche a perder del todo víctima de las influencias francesas que anegarán nuestro teatro durante los siguientes dos siglos.

 

Aunque habitualmente sus comedias se escenifiquen con maneras un tanto excesivas, cercanas a la farsa, no faltan en sus obras —pegados a los personajes estrambóticos y desmedidos— momentos delicados, llenos de lírica. Es decir, que sus personajes son de carne y hueso, y aman y sufren penalidades de todo tipo tratando de nadar contra la corriente enloquecida que impone sociedad en la que transcurre la comedia. Este es el complicado equilibrio que se plantea en esta pieza para un director: combinar el mecanismo, lleno de ritmo y contraste, del enredo y dejar respirar a los personajes para que sus motivos sean sinceros.

 

Pero ahí está el figurón. La figura de don Lucas responde, seguramente, a un tipo que no estaba tan lejos de algunos personajes que habitaban las calles de las ciudades españolas del XVII. Es posible que, leído o representado, el caballero nos parezca un personaje irreal, pero parte de personas y personajes existentes en su tiempo que el autor observaba a su alrededor. Y no es tan descabellado, y menos si tenemos en cuenta nuestro entorno televisivo actual, que su figura y sus ademanes nos remitan a gentes concretas. La burla es, en cierto modo, catártica, ya que escapar de la injusticia —que en este caso impide el amor verdadero— que imponen este tipo de individuos avalados por su poderío económico ha sido una constante en la historia de la humanidad. 

 

El montaje que les ofrecemos pretende narrar la historia de dos amantes que logran encontrarse pese a la sinrazón que les rodea, tratando de ganar su batalla mediante el amor, motor imprescindible en nuestra tradición de teatro áureo, y el ingenio, que a menudo mueve los ejes de lo cómico.

 

Nuestras maneras teatrales como compañía son conocidas: el actor y la palabra en primer plano, la música en directo, el trabajo de elenco y una manera de entender el teatro sin artificios ni inventos epatantes. 

 

Creemos que ofrecer los clásicos al espectador es una responsabilidad, pero también una cuestión de disfrute artístico. La consideración de los dramaturgos del Siglo de Oro, en este caso Rojas Zorrilla, como autores para eruditos nos parece un despropósito cultural. No hay que olvidar que nuestros autores áureos escriben teatro para contar historias a la gente sencilla, entretenerla, enriquecer su espíritu y, en ocasiones, producir una reflexión. Creemos que el teatro debe ser, sin perder sus calidades ni sus virtudes, accesible; y para ello trabajamos.

 

 

Eduardo Vasco

En repertorio

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Distribución

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Web actualizada 23/09/2019