HAN DICHO...

PERIBÁÑEZ Y EL COMENDADOR DE OCAÑA, DE LOPE DE VEGA. CLÁSICA Y ACTUAL A LA VEZ.

 

La programación de una obra clásica en los tiempos que corren es un ejercicio de destreza y de riesgo ante un público cada vez más meticuloso con los espectáculos que elige. Un acierto. El conocimiento de la obra de Lope, Calderón y los demás reyes del siglo rimbombante de la literatura española está más que aparcado. Un error. A pesar de lo poco que se lee en nuestra sociedad actual, hay una conciencia generalizada del alto valor literario e histórico de dicha época. Una realidad. El recelo a acudir a obras clásicas por miedo al aburrimiento, un prejuicio real.

Por eso, poder imbuirse en el mundo de las historias de capa y espada, del costumbrismo y del honor, de los sonetos encadenados, de la música de pandereta y charanga y del olor a heno de la Mancha es un lujo. Y una necesidad para entender cualquier tipo de literatura posterior al Siglo de Oro. Más cuando se moldea un libreto de hace siglos para dotarle de frescura y cercanía y hacerlo fácil de asimilar con una escenografía clara, original e impactante visualmente y se subraya con una iluminación seductora y acertada, un ritmo de acción y tiempos conseguidos y un trabajo actoral que defiende la palabra en verso como herramienta básica de la producción para conseguir trasladar el espíritu que encierra lo que Lope de Vega quería contar. Los corrales de comedia con sus sillas de nea y sus patios al aire libre eran, en su momento, el centro neurálgico de la vida cultural de aquellos tiempos. Teatros como el Villamarta, se convierten como la pasada noche del sábado en un patio de butacas pero de aire fresco, con el tipo de adaptación de la obra de Lope que hace esta compañía. “Noviembre Teatro” se caracteriza por muchas cosas. Todas se pusieron sobre las tablas en esta ocasión. Para los muchos, demasiados, que se las perdieron el otro día, hay que recordarles que, siempre apuesta por la autenticidad y dignidad del libreto, pero facilitándolo al máximo, por el esmero y la metáfora en la puesta en escena, por la verdad del esfuerzo actoral y por la cuidada selección de números musicales como complemento casi necesario de sus obras.

Los romanceros de la época, los diálogos costumbristas, las palabras con rimas y musicalidad eran los recursos de los autores clásicos para contar historias. Todas con enseñanzas sociales. La tragicomedia del drama de Peribañez no es una excepción. Lo difícil es traerlo a nuestros días con talento y con tirón escénico. En esta ocasión, las desventuras de la pareja de recién casados, los enredos sobre el amor, el poder militar del comendador, la honra y el honor, se presentan de manera limpia, clara y concisa y con una carga de efectos lumínicos, sonoros y de figurines capaces de ser por sí mismos los verdaderos protagonistas de la obra. Gracias a los filtros, los focos de bambalinas, los de calles y los contras, se consigue un relleno de espacio completo y audaz y una profundidad única, dando importancia a un telón de fondo lleno de vida durante toda la obra, con pinceladas de contrastes en tonos acompañando a los sentimientos que traducen el texto, llenando de contenido los apartes de los diferentes diálogos, y oscureciendo los mutis falsos con la silueta en segundo plano de muchos actores.

El vestuario, por su parte, alcanza a crear protagonismo por sus texturas y colores, definiendo las diferentes acepciones del amor. Los trajes regionales y nacarados del blanco más inmaculado en una Casilda profundamente fiel a sus principios el amor puro. Los rojos y calientes definiendo claramente la pasión y el deseo sincero de un Peribáñez enamorado. Y los grises y oscuros típicos del oscurantismo de un Comendador de capa y sombrero con aires de superioridad y de sus adlátares en forma de buitres en busca de carroña como prototipo del amor interesado.

La música pastoril es la enésima protagonista narrativa. Lo es desde la presentación de los personajes y de la trama en los minutos iniciales, durante todas las secuencias de filtrados escenográficos y hasta en el epílogo detallado para dotar de ritmo el desenlace. Sin ella, el ambiente rural y costumbrista de las tierras de Castilla no aparecería. Sin ella, los momentos de transición entre escenas, no se entenderían. Sin ella, el ritmo de la producción no existiría. Unas notas musicales donde la pandereta, las campanillas, las maracas y las pequeñas percusiones logran crear ambiente de romería costumbrista dentro de la tragedia.

La escenografía es variada y efectista. Gran trabajo de los técnicos. El protagonismo de los diferentes tipos de telones es crucial. Con una forma progresiva de ocupar el escenario comenzando de menos a más, desde proscenio con el uso de telones colgantes hasta fondo con telones y superficies de madera castellana móviles, que acaban ampliando hacia un ciclorama fijo sugerente y perfectamente enmarcado para dotar de luces las siluetas y los perfiles de los gozos y las sombras que, a modo de personajes, aparecían y desaparecían. Es, en suma, una manera de ir agrandando los espacios del universo de los protagonistas, desde el mundo interior de la pareja con telas claras y limpias en el inicio de su casamiento y al final de la obra, hasta la oscuridad de los sentimientos de venganza y deshonor con que el Comendador va llenando la escena, pasando por los tonos dorados y plateados de las telas del conflicto desarrollado para que la maldad y el deseado derecho de pernada sea capaz de ocupar espacios sobre las tablas.

La nobleza, la dignidad y el honor como valores que se encuentran en el subtexto de la obra están bastante bien etiquetados en cuanto al guion adaptado. Las diferentes interpretaciones están al mismo nivel de maestría que la dirección escénica dando por bueno el resultado del trabajo previo que realiza esta compañía en todas sus producciones y subrayando la importancia de la parte actoral en la ocupación de espacios, la comunicación no verbal y la claridad de lo vocal. Un trabajo que se demuestra en el ritmo y en la meticulosidad de los personajes en sus monólogos o en sus salidas y entradas a escena de modo milimétrico. Noviembre parece querer que su trabajo siga la línea que defiende. Apuesta por una manera de entender la producción artística. Un espectáculo que se nos ofrece complejo y a la vez simple, lo que hace grande a una compañía. Eso se transmite.

Nicolás Montoya

El diario de Jeréz

07/11/2021

PERIBÁÑEZ DE DE LOPE/VASCO EN EL TEATRO DE ROJAS

 

El Peribáñez de Yolanda Pallín/Eduardo Vasco es una muestra más de las maneras teatrales de calidad a que nos tiene acostumbrados la compañía Noviembre: textos clásicos accesibles al público de hoy sin perder las virtudes del original; respeto por la esencia de los contenidos aunque con un peinado inteligente de las obras; interpretación medida y equilibrada; dicción perfecta del verso con una claridad inusitada y manteniendo una entonación que prioriza el ritmo sintáctico; música en directo; escenografías funcionales; y vestuario con diseño de modisto relevante.

Esta propuesta de Noviembre cumple los objetivos de realizar un trabajo en el que el espectador pueda, mientras disfruta del espectáculo, plantearse algunas cuestiones sobre su presente contemplando una historia del pasado.

El Peribáñez, junto a Fuenteovejuna y El mejor alcalde el rey, son las tres obras de Lope de Vega del ciclo de historia y leyenda española, unidas por el tema del conflicto entre un noble y un vasallo. En las tres el Fénix de los ingenios se coloca del lado de los vasallos; aunque bien es verdad que en el último momento de la obra, el rey, supremo señor en la época antigua, reconoce la razón del campesino, que sabe ver, por encima de sus obligaciones, una justicia superior que lo defiende. No hay drama social en el Peribáñez, como en las otras dos obras, sino simplemente la venganza de un honor ultrajado. La fuerza del Peribañez, que podría calificarse de «democrática», y queda bien resaltada en la versión de Yolanda Pallín, radica en que el ofensor es un noble, el comendador, y el ofendido un vasallo. Pero no hay una rebeldía social, Peribáñez nunca duda de la dependencia mutua que los une –«Soy vasallo, es mi señor,/vivo en su amparo y defensa;/si en quitarme el honor piensa,/quitarele yo la vida»-. Aquí el comendador, perdido por su pasión amorosa hacia Casilda, la esposa de Peribáñez, se convierte en un ser un tanto odioso que no retrocede ante ningún medio para satisfacer su deseo (algo que no logra por la fortaleza y los arrestos de Casilda); sin embargo, la venganza se produce y es mortalmente herido por Peribáñez, el marido, y la propia Casilda, pero como es un noble caballero no duda en perdonar pues reconoce que «me han muerto con razón». No queda claro este final del comendador arrepentido en la propuesta de Pallín/Vasco; también han peinado la presencia de la monarquía y su justicia casi divina. Pero eso no importa; el texto teatral cuenta una historia accesible para la gente sencilla, con el fin de entretenerla, enriquecer su espíritu y, en ocasiones, producir una reflexión. Eso es, ni más ni menos, lo mismo que pretendía Lope. En el fondo nos quedamos con un eje básico: el contraste entre el amor inquebrantable y sin fisuras de los villanos con la locura obsesiva del poderoso, el comendador, por seducir a Casilda. El amor puro y fiel frente a la concupiscencia y el abuso del poder opresor. Y el honor, siempre el honor, que se venga con la muerte, el tema clave de toda la producción teatral del siglo XVII. Un subtema también ideológicamente destacable es el desprecio del poderoso por el villano, teniéndolo por rústico e ignorante, y la dignidad, astucia e intuición que demuestra el labrador Peribáñez al actuar con prontitud, atajando la situación y evitando que se consumara el abuso de Casilda por parte del comendador. 

La obra está llena de aciertos de gran belleza, que Eduardo Vascoenfatiza más con la abundancia de canciones que dan idea del folclore popular; no solo con la copla puesta en labios de la esposa y luego cantada por los labradores: «Más quiero yo a Peribáñez/con su capa la pardilla/que no a vos, Comendador,/con la vuesa guarnecida». Por señalar algunos momentos ahí está la descripción del ambiente al iniciarse la obra; la alegría y optimismo de la fiesta; el risueño idilio amoroso que une a los dos protagonistas roto por la noticia del accidente del comendador; la respuesta de Casilda a don Fadrique y, por encima de todo, la impresión siempre dominante de estar ante un mundo real, vivo, lleno de luz, de movimiento y de emociones. Si elPeribáñez, ya de por sí, es una obra fresca, donosa y gentil, una especie de égloga castellana, hija del campo y no de los libros, en la propuesta de Noviembre ese realismo emocional que dignifica a las personas fuera de todo efectismo es más que evidente. Habría mucho que decir sobre estos héroes campesinos lopescos, pero eso es algo ajeno a la dramaturgia que hemos disfrutado. Lope es un castizo que apuesta por los valores de uso (tradicionales) frente a los valores de cambio, ahí está la transformación del campesino puro en héroe dramático; en Peribáñez percibimos la imagen del campesino feliz, edificante y con honor tan propio del modelo de sociedad clasista que propicia la ideología lopesca.

Buen trabajo el que realiza Yolanda Pallín con esta obra de madurez de Lope, compleja en su desarrollo y trama, que resulta sencilla y clara en la versión propuesta y, a la vez, bella, dinámica y amena en el montaje dramatúrgico de Eduardo Vasco. Es cierto que han suavizado el drama cruento original y nos ahorran las muertes en escena de Inés y Luján; y también es reseñable en la puesta en escena que se potencie lo folclórico, musical y coral sin echar mano a los ritmos de época. Si en el teatro de Eduardo Vasco siempre tiene protagonismo la música, también aquí encontramos que la percusión con instrumentos rústicos y pastoriles está muy trabajada y cuidada y lleva el ritmo trepidante de algunas escenas. La reconstrucción folclórica y elaboración propia de Eduardo Vasco son marca de la casa; las piezas corales populares interpretadas son elementos clave para marcar el ritmo de la representación y para subrayar mensajes determinantes («no hay sangre sin honor»). 

Del conjunto escenográfico funcional cabe señalar tanto el telón pintado del fondo con una luz ambarina como la sabia y bien graduada iluminación que requería cada escena. Y más llamativos, por su vistosidad, son los figurines de Lorenzo Caprile, un dechado de discreción, colorido y elegancia con especial Lorenzo Caprileincidencia en el preciosista traje de la boda.

Eduardo Vasco, director pendiente siempre del detalle, del matiz, del equilibrio, de la distribución espacial, del protagonismo escénico sin barroquismos, logra un excelente trabajo con un elenco de actores y actrices que hacen parecer vida real y natural lo que es ficción pura y dan sentido moderno a una historia de asunto clásico. Cada uno pinta con pincel a su personaje, nada de brocha gorda, y siempre con una gran claridad en la dicción del texto, un gesto expresivo y unos movimientos perfectamente estudiados y una integración colectiva de la música y la danza. Todos rayan a gran altura, si bien hay que significar el aplomo, el carácter y la determinación de Elena Rayosencarnado una Casilda memorable; la valentía vitalista de Rafael Ortiz dando vida a un Peribáñez que tiene que cambiar de registro muchas veces, pues trocan la emociones, los sentires y las circunstancias y siempre se ajusta al papel sin alharacas; y Alberto Gómez Taboada representa un Comendador con los arbitrios propios del poderoso con la conciencia de clase que le hace creerse con derecho a mirar por encima del hombro a los demás, y siempre actúa sin excesos.

Esta compañía y estos creadores nos han vuelto ofrecer en bandeja de plata a un Lope del Siglo de Oro para espectadores del siglo XXI. Un menú en el que da gusto resaltar la belleza de lo sencillo con una gran sabiduría dramática que se pone al alcance de todos los paladares y públicos para su goce y disfrute.

Lope de Vega y nuestro teatro clásico siguen vivos en los montajes de Vasco y Pallín. El público del  Teatro de Rojas, que ya está perdiendo el miedo al Covid y está empezando a llenar los aforos, aplaudió calurosamente un espectáculo de los que merece la pena verse.

 

Antonio Illán Illán

ABC Toledo

31/10/2021

UN LOPE DE VEGA MAGNÍFICAMENTE PUESTO EN ESCENA

 

Hace una semana vimos esta obra en el Festival de Teatro Clásico de Olmedo. Fue una delicia en todos los aspectos. Dentro de unos días va a estar en el FITCA de Alicante (del 15 al 19 de septiembre) y en el Festival de Teatro, Música y Danza de San Javier (del 10 al 22 de agosto). Es por esto que quisiera hacer un comentario acerca de lo que vimos e invitarles a que acudan a disfrutar de tan excelente puesta en escena.

Peribáñez y el Comendador de Ocaña es uno de los llamados dramas rurales de Lope, junto a otros como Fuenteovejuna, El mejor alcalde, el rey, o El villano en su rincón. En ellos nuestro autor se centra en lo rural y costumbrista, relacionándolo con el estamento del poder como institución. Contienen elementos que los sitúan también en registros que se aproximan al drama social, al costumbrista y al drama de honor, categoría por la que a Peribáñez… se le reconoce mayormente. 

En su extensa creación literaria Lope fue, sin duda, un adelantado a su época. Como sabemos, cambió sustancialmente tanto la forma como el fondo de la comedia, alzándose, lo decía Cervantes, con el cetro de la monarquía cómica. Lope además reivindicó lo popular y consolidó el verso en los diálogos escénicos, asignando diferentes metros y estrofas a los diversos personajes y distintas y variadas circunstancias que padecen, como dejó escrito en su Arte nuevo de hacer comedias…

Los personajes, celosamente dibujados, forman una dramaturgia que facilita enormemente su traslación a las tablas.

Apoyándose en el octosílabo, el romance, el soneto, los tercetos, o las décimas construye la imaginería verbal y rítmica de cada una de sus comedias, corrige las tres unidades (acción, lugar y tiempo) y reduce el número de actos de las mismas. Encauzado por el verso castellano perfila ciertos personajes como son Fabia, (o Teodora, de El rufián Castrucho, evolución de Celestina), don Alonso, caballero, Tello, criado, Peribáñez, labrador y Casilda, su esposa; Juan Labrador –El villano en su rincón-, Laurencia, labradora, Finea, dama boba, Pedro Crespo (El alcalde de Zalamea, tanto de Lope como de Calderón), Busto Tabera y su hermana Estrella, Belisa, dama ñoña y avispada, etcétera, personajes, que, celosamente dibujados, forman una dramaturgia que facilita enormemente su traslación a las tablas, como hemos visto en este Peribáñez en versión de Yolanda Pallín.

La puesta en escena ofrecida por Eduardo Vasco denota un conocimiento exhaustivo, casi científico, del medio en que se mueve; no en vano ha sido director de la CNTC. Y sin quitarle merito a él, debo romper una lanza –así se decía antaño- por los que dan forma, cuerpo y aliento rítmico al espectáculo: los intérpretes, actores y actrices, muy capaces, con un registro interpretativo excelente tanto a nivel corporal, gestual, vocal, rítmico, espacial, … que integran en su creación particular y colectiva –arte del teatro- la música, la danza o baile, el uso del vestuario acomodado a época, los ritmos en escena y la canción interpretada a vista de público, la construcción y deconstrucción escenográfica, el juego de armas y su riesgo, tanto para el personaje como para el intérprete, la iluminación, etcétera,  sin que hallemos fragmento o escena que suene a artificio –a veces se suceden dos o tres escenas simultáneas, magníficamente ensambladas-, propuesta escénica en la que todo está perfectamente engarzado y calculado.

Hay dos escenas que destacan por su luminosidad, una; la otra por su oscuridad. La primera (Acto Iº, esc. IX) es aquella en la que los jóvenes desposados, en redondillas, se piropean deliciosamente, y escribiendo las letras del abecedario en el suelo de tierra se van diciendo todo tipo de lisonjas a procurar, o vicios a evitar (invito vivamente a leerlo en el texto, pues es un gozo total este Abecedario que, de manera similar, ya utilizó Cervantes en su Don Quijote de la Mancha); la segunda escena a comentar es la del encuentro entre Peribáñez y el Comendador intentando seducir a Casilda (Acto IIIº, esc. XV-XVII); todo en la obra apunta a este momento intenso en el que se tasa y debate sobre la vida, el honor, la honra, la honestidad, el respeto, el poder, el deber… En la Ficha de Esgrima escénica nº 58, correspondiente a este enfrentamiento se puede leer la siguiente anotación: 

 

Conflicto generador del enfrentamiento: el deseo del Comendador por Casilda.


Armas que esgrime cada personaje: Peribáñez, espada: Comendador, espada, o daga, aunque también podría ir desarmado.


Argumento del enfrentamiento: Peribáñez vuelve a su casa, de noche, temiendo que el Comendador ronde a su esposa. Escondido, contempla que es cierto lo que suponía y, celoso, se enfrenta a su rival defendiendo a Casilda.


Acción que desarrollan: enfrentamiento y pelea entre el Comendador y Peribáñez. Sabemos que éste ha sido nombrado caballero y ceñido espada; pero, por su condición de labrador no debe saber usarla demasiado bien (acostumbrado al manejo de herramientas de campo como la hoz, la azada, la guadaña, la horca…). Por el contrario, el Comendador sí conocería perfectamente su uso, por lo que debemos entender que, o bien éste va desarmado e intenta defenderse con algún utensilio o herramienta de labranza que pudiera hallar en el lugar, o si porta espada no le de tiempo a desenvainar. También cabe que sea herido por exceso de confianza en su habilidad con las armas, o por su cargo como Comendador.

 

Este enfrentamiento, entre labrador y hombre de armas, ha sido resuelto en escena de modo fulminante, sin cruzar los hierros, por sorpresa y embestida abrupta del primero sobre el segundo, sujetando la espada del Comendador y tirando estocada a flanco izquierdo, entrando en campo –avanzando-, causándole herida grave. El Comendador, que no se ha defendido, en suelo, es herido de nuevo por Casilda con la daga que le ha facilitado su esposo Peribáñez.

Al respecto del enfrentamiento armado podemos sugerir –y sólo sugerir- alguna acción que diera mayor credibilidad al desenlace, puesto que es un momento dramático muy grave; pensamos que quizás estaría bien que por parte del Comendador hubiera alguna acción de armas que le situara en lo que realmente es su oficio -hombre de armas-, como tirar una cuchillada o lanzar un par de estocadas –a sangre caliente- antes de caer en tierra. Esto no son más que conjeturas para que el espectador entienda que cuando hablamos de armas -cuando las armas hablan en escena- son tan protagonistas como el mismo personaje que las empuña, y que su lenguaje es tan activo y preciso como el de la palabra –el verso-, el gesto o la acción, por decir. Esa noche, merecidamente, aplaudimos de pie, largo y tendido.

Noviembre Teatro ha asumido un riesgo y ha apostado por uno de los textos significativos de Lope, en el que el Fénix nos propone, como otras muchas veces, un recorrido vivencial que, en este caso, nace de aquella copla que decía: 

La mujer de Peribáñez / hermosa es a maravilla; / el Comendador de Ocaña /de amores la requería. / … / Mientras Pedro está en Toledo / desta suerte respondía;/ “Más quiero yo a Peribáñez/ con su capa la pardilla, / que no a vos, Comendador, / con la vuesa guarnecida”./

Hacía bastante frio en Olmedo la noche de la representación, una de las últimas de julio. Al día siguiente, por la mañana, nos acercamos a Medina recorriendo el mismo camino en el que sufrió emboscada don Alonso, …la gala de Medina, la flor de Olmedo, al calor de las coplas populares que con tanto acierto supo integrar Lope en sus comedias. 

Déjense llevar por esta propuesta escénica que pronto podremos ver en los Festivales antes mencionados de Alicante y San Javier, en Murcia. No se la pierdan, si pueden. Es una delicia.   

Salud y Teatro. 

Paco Alberola

ALICANTEMAG  Revista de cultura y Tendencias

11/08/2021

RECONOCERNOS

 

Noviembre, esta excelente compañía teatral, nos está ayudando a reconocernos, a que seamos conscientes de quienes somos conociendo lo que fuimos, de que el siglo de Oro fue vanguardia y vindicación de trasuntos que hoy pueden parecer nimios, pero que entonces no lo fueron tanto.

 

Alcazaba de los Guzmanes del castillo de Niebla. Aforo: 900 localidades (la prevención y la normativa de dejar dos asientos libres entre grupos de convivientes, no cuadra matemáticamente para alcanzar porcentajes de ocupación muy altos. Ayer, casi un 43%, quiere decirse lleno); 24 de julio, 2021.
Al margen de polémicas suscitadas por los puristas de la restauración, u oponiéndome a ellas más bien, quiero manifestar el asombro que el remozamiento de la cerca que circunda la alcazaba de los Guzmanes ha sido un acierto pleno. Luce la ciudad roja como debe ser, un aliciente más para esta provincia tan atrasada en materia de turismo. Menos fitures y más infraestructuras y actuaciones como esta de las murallas de Niebla. Felicitaciones a quien quiera que haya que dárselas.
Empezaremos por el final, fantástico, impactante, magnífico. Eduardo Vasco, el responsable de medir esta pieza de Lope con exactitud, de cabo a rabo, opta por plantar en la corbata del escenario a Peribáñez no para dar cuentas al rey, sino para dar fe al público de lo que ha ocurrido con el Comendador, que no es otra cosa de narrar cómo estaban cambiando los tiempos en ese siglo que llaman español en todos los manuales de Historia del mundo, pero que nosotros preferimos llamar de Oro. Un siglo, el XVII, económica y socialmente trágico y no solo aquí, sino en toda Europa, aunque en el solar hispánico vinieran a sumarse a las hambrunas, las guerras y las epidemias, el declive de las entradas de oro y plata americanos, una crisis sobre otras crisis que hizo desabastecer los mercados como bien muestran las pinturas costumbristas del barroco español (1). Avisamos de esto para entender mejor los atuendos y detalles que nos colocan en escena a un labriego que sabe de letras y no viste demasiado mal, por mucho que su estamento social (2) quede mucho más abajo que el de la nobleza a la que se enfrenta con honor y por supuesto con la maestría prestada por el Fénix de los ingenios, del Apolo de la Corte, don Félix Lope de Vega y Carpio.

Adecuado y hermoso en su corte y confección el vestuario, deberíamos reconocer que la iluminación es siempre exacta, señalando la acción y dando más color si cabe a toda la escenografía, mínima pero bien dispuesta y funcional, pues a buen seguro el director ha procurado que la atención del espectador se centre en el verso, que lo dicen con frescura y sapiencia todo el conjunto actoral, y por supuesto en el ritmo que va dando a todo lo largo de la función Eduardo Vasco, tan fino con su vara de medir en todo lo concerniente a la puesta en escena. Hasta las canciones, suyas también, están situadas justo en los momentos en que la función necesita dar un descanso al oído del espectador, no habituado como es natural al verso. Que ya decimos que decir, el verso lo dicen divinamente, a lo que habría que añadir que se les nota a los actores que están disfrutando con el buen trabajo que realizan sobre el escenario, algo que se corresponde desde el patio de butacas. Al fin y al cabo, el director consigue que la hora y veinte minutos de la función se pasen volando.


Acabaremos por el principio, por el momento en que salen a escena unos actores dichosos y contentos, alegres, dispuestos a regalar al público una versión adecuada de la pieza de Lope. Y lo consiguen. De hecho, así están a lo largo de toda la obra, encantados de hacer feliz a un público deseoso de encontrarse con espectáculos tan hermosos como este que la compañía Noviembre ha sabido confeccionar de una manera tan hábil como hermosa.

 

Bernardo Romero

Huelva24.com

25/07/2021

UN PERIBÁÑEZ DE RITMO MANCHEGO.

 

Noviembre transporta al siglo XVII con una versión de la obra de Lope en la que la música, la escenografía y el vestuario crea una atmósfera digna del teatro más eterno.

 

Aunque una obra clásica sea eterna por su mensaje, hay veces que su atmósfera, el tiempo del que habla queda tan lejano que cuesta imaginarse a una persona del siglo XXI sumergida en él. Ese viaje del presente hacia el pasado es el que realiza Noviembre Teatro con su Peribáñez y el Comendador de Ocaña. Su teatro se convierte desde que las luces se encienden en una máquina del tiempo, un viaje al ritmo de la música manchega de labor, de las bodas y la siega; tocada con instrumentos tradicionales como el pandero y la pandereta; rematada con un diseño de vestuario de tintes casi folclóricos.

Esa máquina del tiempo que dirige Eduardo Vasco sirve para recrear una historia de tintes casi heroicos, con un héroe de lo cotidiano que pasa de la sumisión al poder, temeroso ante la muerte de su comendador, a levantarle la mano para defender lo suyo, su honra, su casa y su hacienda. Un viaje de Peribáñez que se realiza sobre las tablas del teatro, desde un primer plano, en el que se sitúa la acción del pueblo, a la vista de todos, sin tacha en su honra; y un segundo, a oscuras, en el fondo del teatro, donde el poder, representado en el comendador y cuantos le rodean, va tejiendo su enredo, tratando de corromper la honra de Casilda, la mujer de Peribáñez, y el mundo que debían defender. Entre medias se encuentran los jornaleros y bachilleres, enredando y desenredando el entuerto, tratando unos de salvar su honra y otros de venderla.

Rafael Ortiz e Isabel Rodes marcan el ritmo de las actuaciones en los papeles de Peribáñez y Casilda, poniendo acento manchego al verso de Lope de Vega. Mientras, Alberto Gómez Taboada logra compensar el verso basto con la entonación del noble, con un comendador que se crece a lo largo de la obra hasta que rasga el teatro con su grito herido de muerte. De su lado Elena Rayos, José Ramón Iglesias, Francisco Rojas, Jesús Calvo, Manuel Pico y Daniel Santos apoyan con sus interpretaciones cada pasaje de la obra, con sus canciones y su entonación. Al final, todos los actores complementan esa atmósfera, ese viaje en el tiempo de hora y media a La Mancha que Lope soñó, a la que Noviembre abre una ventana.

Hilario L. Muñoz

La tribuna de Ciudad Real

17/07/2021

UN PURO CLÁSICO PASADO POR AGUA: EL PERIBÁÑEZ DE LOPE Y DE NOVIEMBRE TEATRO

 

La tormentosa noche del sábado pasado sólo en un .principio nos permitió deleitarnos un cuarto de hora con un maravilloso teatro clásico puro, sin adulteradas modernizaciones, llevado magistralmente por la compañía madrileña Noviembre Teatro, muy bien pilotada por el experto director Eduardo Vasco y un selecto elenco.

En este primer acto se celebra y canta la popular boda del rico y honrado alcalde Peribáñez con su guapa y fiel Casilda, de la que se enamoró súbita y perdidamente don Fadrique, el comendador de Ocaña, cuando fue acogido en casa de los recién casados para curarle las heridas que le produjo el novillo que soltaron, con motivo de la sonada boda, cuando iba a alancearlo. 

 

Y entonces cae un chaparrón que interrumpió la función durante un cuarto de hora, aunque la mitad de los espectadores aguantamos en nuestros sitios paraguas en mano; pasado el cual, se reanudó la buena actuación inicial con más cantos de siega, acompañados de un rítmico panadero y de una íntima escena de los recién casados que entre piropos y besitos se comprometían a una total y armoniosa fidelidad, al examinarse con sus respectivos ABC matrimoniales muy ingeniosos.

 

Mientras, el Comendador trama, aconsejado de su zalamero lacayo Leonardo, que intenta casarse con Inés, la infiel prima de Casilda, que le facilitara la entrada a la casa de esta, mientras Peribáñez está en Toledo a restaurar una imagen de la cofradía, como mayordomo de la misma. Preparan otro viaje también a Toledo de la pareja, para el cual Don Fadrique muy astutamente ha facilitado engalanar el carro con tapices y bien tirado por dos nuevas mulas, que él regala para ganarse el favor de Casilda y encargando a un pintor que pinte primorosamente a esta bella mujer; pero cuando lo ve Peribáñez, ya empezará a mostrarse muy celoso y a mascarse la tragedia que se avecina y anuncia, cuando él se tiene que ausentar de su casa para ir a la guerra como capitán y al volver súbitamente, sorprende al comendador in fragante y lo mata, junto a la infiel prima: así pasa Peribáñez de honrado alcalde y capitán a héroe trágico, que restituyó la honra de su fiel mujer, haciendo justicia, la que el propio rey sanciona.

 

Pero esta segunda parte, con el dramático desenlace no llegamos a verlo, porque un nuevo aguacero nos lo impidió; así y todo, antes de la triste desbandada, sonaron fuertes aplausos, mientras nos afloraba el deseo de ver completa este gran drama tan humano y bastante histórico o al menos de gran tradición popular y tan bien montado: ¿o acaso será un bello desideratum?. 

 

Miguel Fresneda

El periódico de Extremadura

14/06/2021

DRAMA DE CAPA Y ESPADA SOBRE LA DIGNIDAD

 

Hay obras que, sin haber pasado a la historia como feministas, y aunque esto pueda sorprender por ser el autor Lope de Vega, lo son mucho más que otras que se anuncian abiertamente como tales, enarbolando esa bandera, describiéndose así como un género en sí mismo. Ciertamente lo que defiende 'Peribáñez' es, en concreto, la dignidad, la honestidad del vasallaje frente a los avasalladores y la falta de escrúpulos del poder, la nobleza.

Todos conocemos la historia de 'Fuenteovejuna', pues esta historia, también de Lope de Vega, es parecida. Casilda, la bella joven esposa de Peribáñez, se convierte en el amor platónico del comendador de Ocaña y ni Peribáñez ni ella se amedrentan ante el superior, defienden su integridad, su amor, hasta el dramático final a espada.

La versión que se hace del original es acertada y meritoria. En menos de una hora y media de función se ofrece una obra muy fiel al original, sin que se eche en falta ninguna parte ni pincelada. Nada menos que nueve actores sobre el escenario defienden una pieza con unas interpretaciones bastante efectivas y regulares, ninguno destaca por encima de otro. Cabe destacar, además, el vestuario, que es obra del diseñador Lorenzo Caprile, y también la escenografía, sencilla pero, con apenas cuatro elementos pasa a un segundo plano sin ser ni crucial ni condicionante.

Lo que importa en la función es, sobre todo, la dialéctica, la fluidez del guion, y en ese sentido los actores logran una soberbia naturalidad. 'Peribáñez' es un drama de capa y espada cuyo argumento hace vivir a los personajes en tensión. Es la historia de David contra Goliat. Y lo más logrado es que con un clásico del Siglo de Oro se haya conseguido una producción actual, atractiva y con una puesta en escena fluida y aparentemente sencilla, que es lo que imprime atractivo a la obra.

Hay dos mundos enfrentados. Siempre hay dos mundos. Y aunque generalmente gane el poder, en la ficción, en el teatro, en 'Peribáñez', el débil no se doblega, planta cara y vence. Porque por encima de todo no siempre está el dinero.

«Yo soy un hombre, aunque de villana casta, limpio de sangre, y jamás de hebrea o mora manchada», declama Peribáñez al final de la pieza, en su justificación final. Y en cuanto a su amada, describe: «Caséme con la que ves, también limpia, aunque villana; virtüosa, si la ha visto la Envidia asida a la Fama». El teatro sirve, al menos, y no es poco, para soñar con esta historia de rebelión, de amor puro y eterno.

Diego Marín A.

La Rioja

15/03/2021

"ESTÉTICA PROPIA"

 

Noviembre y los clásicos. Un gran “Lope” con certero dibujo de los personajes, Peribáñez, labrador rico, celoso de su honor, el comendador, ligero, tramposo y erótico, ella, honrada, Inés, traidora, los cortesanos serviles, el rey clemente, en una estructura ágil que Yolanda Pallin respeta con los cortes correspondientes. Eduardo Vasco tiene una estética propia. Una hora y media de representación muy ligada.

Este estreno absoluto tiene mucho mérito en las condiciones en que estamos viviendo. El signo escenográfico también tiene su marca. Dos espacios y una multiplicación de cortinajes y proyecciones. El verso lopesco es muy difícil y los actores lo solventan desde la naturalidad. Gestualidad sobria y buena colocación espacial y la sensación de fluidez que caracteriza sus montajes.

La obra nos presenta a un personaje que salva su honor con la muerte del disoluto. Una especie de moral de contrario que es necesario estudiar. La referencia al Rey obedece a ese homenaje de los actores del Siglo de Oro a la majestad, quizás como contrapunto al desprecio por esos nombres concupiscentes que abusan de su autoridad. Noviembre no insiste en este punto, otro acierto. El montaje de los clásicos tiene diferentes vertientes estéticas. La de Eduardo Vasco parte de varios puntos. Hacer accesible la historia a los espectadores y alumbrarla. Una manera especial de decir el verso, agilidad en la acción y efectos desde la luminotecnia hacen de cada personaje una posibilidad de creación para los intérpretes. Conseguir representaciones en toda clase de locales lo que logra desde sus escenografías. Un teatro que no rompe, pero tampoco es rutinario, que gusto al público. Buenos actores y muchos aplausos. Una estética propia, conseguida y eficaz.

 

Fernando Herrero

El norte de Castilla

02/02/2021

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Distribución

Emilia Yagüe producciones
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info@emiliayague.com
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Web actualizada 12/1/2022