LA ADAPTACIÓN

El mercader de Venecia, CARNE DE NUESTRA CARNE

 

"Un drama, aunque retrate pasiones o vicios que tienen nombre, los incorpora tan bien al personaje que sus nombres se olvidan, que sus características generales se disipan y que dejamos de pensar en ellos para pensar en la persona que los absorbe; de ahí que el título de un drama casi siempre sea un nombre propio. En cambio, muchas comedias son designadas con un nombre común: El avaro, El jugador, etc. Si le pido que se imagine una obra que pueda llamarse El celoso, por ejemplo, ya verá que le viene a la mente Sganarelle, o George Dandin, pero no Otelo; El celoso sólo puede ser un título de comedia."

(Bergson, H.  La risa. Ensayo sobre la significación de lo cómico. Colección exhumaciones. Ediciones Godot. Buenos Aires. 2011)

 

“Y cuando tu hermano empobreciere y se acogiere a ti, tú lo ampararás; como forastero y extranjero

vivirá contigo. No tomarás de él usura ni ganancia, sino tendrás temor de tu Dios, y tu hermano vivirá

contigo. No le darás tu dinero a usura, ni tus víveres a ganancia”

(Levítico XXV, 35-37).

 

            Una libra de carne pesa 453,59 gramos. Un corazón humano, está en torno a los 450. "Te ofrezco mi corazón", le decimos al amado. "Te arrancaré el corazón", es la expresión de la violencia máxima. Se supone que en el teatro clásico todo está en la palabra de los personajes, que dicen siempre lo que piensan y lo que saben. ¿A quién se le ocurrió suponer algo tan tonto? Y cuando no lo dicen, lo decimos nosotros por ellos, por si el público no se ha dado cuenta. ¿A quién se le ocurrió hacer algo tan tonto?

            Cuando nos enfrentamos al trabajo práctico sobre un texto teatral, es decir, cuando vamos a poner en escena una pieza, y no cuando la estudiamos con los instrumentos de la erudición, nuestra principal tarea es desprendernos de los prejuicios que sobre dicha obra podamos haber atesorado. Debemos leerla como si lo hiciéramos por primera vez, desde nuestra sensibilidad e inteligencia, que son las de los espectadores de nuestro tiempo; y , sin embargo, no podemos deshacernos totalmente de aquello que sabemos, por estudio o inercia. Nunca somos del todo libres, porque somos seres históricos.

            Subir a escena El mercader de Venecia es un reto maravilloso precisamente porque hace que pongamos en cuestión muchas de nuestras ideas preconcebidas. Esperamos poder transmitir al espectador esa perplejidad. Shakespeare, ya lo sabemos, es el autor teatral que ha sabido expresar, unidas y de una manera más inteligente, la grandeza y la miseria de la naturaleza humana. Nada es nunca lo que parece en las obras del inglés, especialista en congelar nuestra sonrisa en el momento menos pensado.

            Esta obra se publicó por primera vez en 1600 bajo el siguiente título: The comical history of the merchant of Venice. ¿Cómica, la historia de un hombre triste que está a punto de morir por haber sido en extremo generoso con su mejor amigo? ¿Las ofensas cometidas ante el judío no nos parece suficiente motivo como para que éste reclame su venganza, aún ahora? En 1516 se levantó el primer ghetto judío de Europa, precisamente en la ciudad de Venecia. Porque la usura era pecado, pero la clase burguesa necesitaba que alguien pecara por ella para poder seguir llevando a cabo sus flamantes negocios. Si no fuera porque sobre esta base se construye nuestro sistema económico y social, sería como para empezar a sonreír. ¡Qué pícaros estos cristianos! ¡Qué ingeniosos! Mercader viene de Mercurio que es el dios del comercio y de los ladrones. Después vendrán los cracks, las burbujas, las subprimes, las hipotecas basura, las preferentes, los desahucios: el tráfico de carne fresca. No hace falta mencionarlos, ni subrayar los paralelismos, ni retorcerle el cuello al cisne, que ya es bastante hermoso y elocuente.

            Alguien ha dicho que El mercader de Venecia es una comedia sólo con la condición de que consideremos a Shylock, el judío , como un ser despreciable y, por lo tanto, ridículo. Afortunadamente Shakespeare reaparece para enseñarnos que nada es como nos han dicho. Hoy por hoy, mucha gente sigue pensando que el mercader del título es el judío y, puestos a recordar una sola frase de la obra, esta sería: "Si nos pichan, ¿no sangramos?". No es tan popular como "ser o no ser", pero casi. Podemos no recordar su origen, pero recordamos las palabras. Y el sentimiento. Es un clásico.

            La decisión sobre el género de una obra suele implicar una decisión política. En este caso cualquier posición estable implicaría una lectura única, una visión del mundo reductora, algo que nos parece totalmente ajeno al espíritu de la obra. Esta pieza trata del abuso de poder, de las diferencias entre ley y justicia, del valor de las buenas acciones en un mundo eminentemente cruel, de la clemencia y la compasión cuando se alían con la inteligencia; trata de la naturaleza humana, otra vez, trágica y risible a un tiempo. Es divertida y triste. Shakespeare no es un ideólogo sino un creador, capaz de extraer una libra de carne de un cuerpo sin derramar una gota de sangre.

 

Yolanda Pallín

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Web actualizada 17/11/2017

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